Español English
 
  
Notas Archivo Buscar
 
      VER MÁS
 
 
La belleza del escombro
Por Alfredo Dillon
Fotos: Gentileza Grupo ESCOMBROS

El escombro es lo que queda. De un derrumbe, de una demolición, de una explosión. Polvoriento, gris, amorfo: difícil asociarlo con el arte. Y sin embargo, el trabajo del grupo Escombros no es otra cosa que, precisamente, arte.
El grupo nació justo (aunque no por casualidad) para observar el proceso de derrumbe, demolición, explosión de la Argentina: fines de la década del ochenta, inicios de la del noventa. En 1988, un grupo de artistas amigos reunidos en la casa de uno de ellos se preguntaba qué iba a quedar del país después de la hiperinflación, el aumento incesante de la pobreza, las heridas abiertas en el pasado reciente durante la dictadura militar. A uno de ellos se le ocurrió la respuesta que los bautizó: "Escombros". Alguno agregó: "Seremos artistas de lo que queda". Así sella Luis Pazos, uno de esos artistas, el relato de la fundación de Escombros, una tarde hace casi veinte años, entre mates y utopías.
Mientras la mayor parte del arte contemporáneo se replegaba sobre sí mismo, evadiéndose en abstracciones hiperracionalistas, los miembros de Escombros se convirtieron en voceros de los que ellos llaman "los desaparecidos de nuestros días": los desocupados, adolescentes sin futuro, jubilados, enfermos de SIDA, chicos de la calle, víctimas de la inseguridad, indígenas, y un largo etcétera.
"La sociedad pedía a gritos que el arte mirara lo que estaba pasando, que se hiciera cargo de la realidad de la gente", explica Héctor Puppo, otro de los miembros del grupo, a MYRIADES 1. Escombros se completa con José Altuna, Horacio D'Alessandro, Claudia Castro, Adriana Fayad y David Edward. Al principio fueron cinco, ahora son siete; algunos se conocen desde hace cuarenta años, otros se incorporaron más tarde. Pero todos comparten una idea: "En Escombros no hay individuos. Somos uno. Detrás de cada una de las obras está el grupo completo, como unidad", señala Pazos. Sin embargo, cada uno aporta su mirada en el momento de la creación: uno es arquitecto, otro es poeta; hay un ingeniero, un par de diseñadores gráficos y hasta un especialista en Photoshop.
La presentación en sociedad de estos artistas ocurrió el 9 de julio de 1988, con un grafitti en un baldío de San Telmo. La pared rezaba: "Somos artistas de lo que queda. Nos sorprende seguir vivos cada mañana, sentir sed, e imaginar el agua".
Sería sólo el primero de una serie de pancartas, carteles, instalaciones e intervenciones en la vía pública. Entre lo más reciente, figura el mural En la oscuridad buscan la luz, que presenta a una mujer y dos hombres subiendo una escalera con los ojos vendados. De fondo, el cielo y las nubes. Los personajes intuyen la luz, tantean el aire, suben sin ver y sin saber que la escalera se corta, que al cabo de unos pocos pasos se encontrarán con el vacío y, por lo tanto, la caída. Esos personajes representan para Escombros la vocación del artista: buscar la luz en medio de la oscuridad, percibir el sol aun con los ojos vendados, encontrar en el escombro la belleza de una obra de arte.

Publicación: Junio 2006
 
Dejar comentario 
Enviar nota Imprimir
 
Informe especial REDES